En cuanto a la guerra marítima, a comienzos
de la guerra, el grueso de la flota británica, la Gran Flota, contaba con
veinte acorazados y numerosos cruceros y destructores; estaba ubicada en la
base de Scapa Flow, situada en las islas Orcadas, mientras que una segunda
flota protegía el canal de la Mancha. La Flota de Altamar alemana estaba
compuesta por trece acorazados y tenía sus bases en los puertos alemanes de mar
del Norte.
El
enfrentamiento naval más importante de la guerra fue la batalla de Jutlandia,
librada el 31 de mayo y el 1 de junio de 1916 entre la Gran Flota británica y
la Flota de Altamar alemana, y tras la cual Gran Bretaña pudo conservar su
supremacía naval. No obstante, los alemanes consiguieron romper el bloqueo
británico y reanudaron la guerra submarina sin restricciones en 1917,
persuadidos de que éste era el único método con el que podrían derrotar a Gran
Bretaña; esta estrategia no condujo a la rendición de los británicos, sino que
motivó que Estados Unidos declarara la guerra a Alemania. Los ataques de los
submarinos alemanes a los convoyes británicos en el océano Atlántico y en el
mar del Norte ocasionaron la destrucción de numerosas embarcaciones.
Durante 1917 la guerra submarina
alemana fracasó en su intento de provocar la rendición de Gran Bretaña mediante
la destrucción de la flota aliada, de la que los británicos dependían para la
obtención de alimentos y suministros. La campaña submarina alemana parecía
eficaz en sus comienzos; hacia finales de 1916, los alemanes hundían
mensualmente alrededor de 300 toneladas de embarcaciones británicas y aliadas
en el océano Atlántico norte; la cifra ascendió a 875.000 toneladas en el mes
de abril, por lo que los alemanes estaban seguros de conseguir la victoria en
breve. Sin embargo, Gran Bretaña consiguió, desde el verano, restar eficacia a
la estrategia alemana siguiendo varios métodos: adoptó un sistema de convoyes
en el que las flotas mercantes eran protegidas por destructores y cazasubmarinos,
utilizó hidroaviones para detectar a los submarinos, y empleó cargas de
profundidad para destruirlos. Al llegar el otoño, los alemanes comenzaron a
perder numerosos submarinos, a pesar de que seguían hundiéndose una gran
cantidad de barcos aliados. A su vez, las naciones aliadas, especialmente
Estados Unidos, construían rápidamente nuevas embarcaciones. El intento alemán
de poner fin a la guerra a través de la guerra submarina había fracasado.
La acción más destacable de 1915
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